Artículo ciudades Restaurantes

DESCUBRIENDO POLONIA. ENTRE EL ESTE Y EL OESTE (1ª parte)

El primer lugar que visitamos en Polonia, fue su capital, Varsovia.


Una ciudad totalmente destruida por la 2ª Guerra Mundial, y reconstruida minuciosamente en especial sus monumentos más representativos gracias a los cuadros que se pudieron recuperar (foto 2ª), como pudimos comprobar al pasear por su casco antiguo.


Tras un largo periplo por varios aeropuertos, llegamos al hotel a media tarde. La cena fue en el hotel, y la verdad no fue una maravilla. Así, que al siguiente día que teníamos oportunidad de elegir, optamos por uno de los restaurantes que nos habían recomendado “Zapieck”.

Es una cadena de restaurantes que se encuentran fácilmente por todo el centro histórico. Tanto la guía polaca que nos enseñó por la mañana la ciudad, como la información que traíamos desde aquí, nos decía que ésta era una apuesta segura, para probar la cocina tradicional polaca.  Las camareras van ataviadas con los trajes típicos polacos y los locales están bellamente decorados.
Cuando llegamos al restaurante, éste estaba lleno y nos tocó hacer cola. No tardaron mucho en acomodarnos en la terraza. Era un día de mucho calor, por lo que nos decantamos por una gran limonada para beber y unos típicos pierogi. Los pierogi son una especie de empanadillas pequeñas, o raviolis, que se cocinan de diferentes formas. Se pueden pedir fritos o cocidos. Existen multitud de  rellenos donde elegir, así como diferentes salsas para acompañarlos.


Nos decantamos por pedir unos fritos y otros cocidos para poder comparar. Los dos estaban bien, igual más ricos los fritos. El personal es muy joven y el servicio un poco lento, lo mejor, la limonada con mucho hielo, que con el calor que hacía era lo que mejor entraba.


Después, sin un minuto que perder, nos dispusimos a continuar pateando Varsovia. Es una ciudad muy bonita y extensa de ver, con grandes contrastes, entre su pasado comunista, con algún que otro edificio que lo atestigua (foto 1ª Palacio de la Cultura y la Ciencia), y su apertura a occidente, con sus flamantes Centros Comerciales y sus tiendas de grandes firmas europeas e internacionales. También destaca su ambiente Universitario.
Después de caminar y caminar toda la tarde, y visitar la mayor parte de los sitios que teníamos señalados como imprescindibles en el mapa, nos fuimos con el resto de los compañeros a cenar.  Una comida ligerita dispensada por la empresa del tour y temprano a descansar al hotel, que lo teníamos más que merecido y este viaje acababa de empezar.

La mañana siguiente tomamos rumbo al norte, hacia el mar Báltico.
Antes de llegar a Gdansk, hicimos una parada en Malbork, para visitar su fastuoso Castillo, situado la orilla del río Nogat, sede de la Orden de los Caballeros Teutónicos y considerado el más grande del mundo construido con ladrillo.

Al llegar, era la hora de comer, por lo que decidimos entrar en el Gothic Restaurant, un restaurante que se encuentra en las mismas instalaciones del castillo, nada más entrar en la fortaleza desde el puente que cruza el río. Llegamos como casi siempre sucede en los tour, con el tiempo muy ajustado para hacer la visita, con lo que si queríamos ver los interiores del Castillo, el tiempo dedicado a la comida tenía que ser corto.

Sigiendo las recomendaciones de la guía, optamos por elegir kotlet schabowy, un filete empanado acompañado de verduras asadas y col fermentada, muy típico, y suficiente para coger fuerza. El restaurante es muy bonito, ambiente medieval, con mesas y sillas de madera y decoración  de esa época. La carne estaba riquísima y muy jugosa. Las verduras “al dente” con sabor de la brasa, como nos gustan. Nos quedamos con ganas de  haber probado más cosas, ya que los platos que pasaban en dirección a otras mesas, tenían muy buena pinta. Bien de precio, para el lugar donde está, uno de los monumentos más visitados del país.

Al término de la visita al castillo nos dirigimos a Gdansk, ciudad muy bonita a orillas del Báltico, tristemente famosa por ser la ciudad  donde las tropas de Hitler iniciaron la invasión, que marcó en 1939, el inicio de la II Guerra Mundial; y por ubicar los Astilleros Lenin, donde  trabajó el electricista Lech Walesa, quien fue décadas después, premio Nobel de la Paz y presidente del país, además de ser el impulsor del sindicato Solidaridad y de las huelgas que acabaron con el comunismo en Polonia.


Como anécdota, al igual que ocurrió tras el desmantelamiento del Astillero Euskalduna en Bilbao, tras el cierre de los Astilleros de Gdansk,  en su lugar se han construido un museo y un Centro de Congresos, similar al que se ubica en Bilbao, cuya parte de la fachada que lo recubre, se ha fabricado de hierro oxidado. Aquí, recordando un gigantesco barco antiguo, en construcción, anclado en la ría y con su exterior oxidado debido al paso del tiempo. Allí, recordando también su pasado de construcción naval, casualidad, o será como ocurre últimamente en la cocina, fruto de la globalización.

A la llegada con el bus al Centro de la ciudad, vimos una cola de gente aguardando su turno en un pequeño kiosko, esperando para degustar algún tipo de helado o dulce que desconocíamos. Por el número de gente, que aguardaba, lo que vendían, tendría que estar muy, muy  rico.


Después de bajarnos del bus y tras instalarnos en el hotel, nos dirigimos a ver que delicatesen servían en ese kiosko.
Era los Paczki , una berlina rellena de mermelada, que abren  al medio y le añaden  helado. Estos pasteles se comen especialmente el Jueves Gordo, el  jueves anterior al Miércoles de Ceniza y al comienzo de la Cuaresma. Una bomba de calorías, que no pudimos dejar de probar. Tardamos en elegir, ya que puedes optar por diferentes berlinas y diferentes helados.

Probamos con dos diferentes, una de mermelada de fresas con helado de chocolate, y la otra de manzana y helado de nata.

Un chute de azúcar, para coger fuerzas y callejear esta ciudad tan bonita, con múltiples atractivos: sus casas pintadas de vivos colores, que pudimos contemplar desde la torre de la basílica de Santa María, que parece una ciudad de juguete con un sinfín de casas de muñecas  abrazándose a sus calles.

Su ría llena de barcos, su puente levadizo,  sus esquinas donde los músicos deleitan con sus melodías y su multitud de puestos donde poder adquirir el famoso ámbar.
Es una ciudad llena de ambiente, que pudimos comprobar por la tarde y por la  noche, tomando unas cervezas y unos vodkas en  algunas de sus concurridas terrazas que inundan las calles centrales de Gdansk.

Al día siguiente, tras descubrir los entresijos de la ciudad con un guía local, y visitar sus principales monumentos,  nos dispusimos a coger el tranvía para dirigirnos a Oliwa, un barrio periférico, donde se encuentra un bonito parque y donde se hace imprescindible la visita de su Catedral.

La gran curiosidad que lleva a los turistas a trasladarse a este lugar, es contemplar su espectacular órgano. De estilo rococó, fue decorado con figuras, muchas de las cuales son móviles. Accionando el órgano, las figuras simulan ángeles tocando instrumentos musicales (trompetas..) que se mueven al son de la música. Un concierto que dura 20 minutos y que no te puedes perder.
Pero antes de llegar a la Catedral, tampoco puedes dejar de hacer un alto en PIEROGARNIA MANDU. Un local especializado en elaborar artesanalmente los pierogi.

Un excelente sitio, cerca de  la parada del tranvía, para deleitarse de este plato típico polaco. Tienen una carta extensa, dedicada mayoritariamente a este producto y  las distintas formas que hay de cocinarlos, cocidos, fritos,  incluso dulces.


Probamos un poco de todo, inclusos unos pierogi de postre, unos rellenos de chocolate y otros de manzana, con nata y sirope de fresas por encima. Estaban espectaculares, hechos al momento, en una cocina que puede verse desde el comedor, donde dos cocineras iban elaborándolos uno a uno.


Hay que tener en cuenta que al confeccionar los pierogi  al momento, la espera puede ser un poco larga, sobre todo a hora punta. Pero os puedo asegurar que merece la pena. Se nota la calidad de lo que sirven. Aparte de algunos turistas, estaba lleno de gente local, familias disfrutando de las diferentes propuestas de este restaurante.

*DIRECCIONES*

VARSOVIA
 
ZAPIECK :  Przedmieście 55, 00-071 Warszawa, Polonia

MALBORK

GOTHIC RESTAURANT & CAFE : CASTILLO

GDANSK

PIEROGARNIA MANDU (Oliwa (Catedral)): Kaprow 19 D, Gdansk 80-316, Polonia


 STARA PĄCZKARNIA:  Plac Dominikański 1, 80-844 Gdańsk, Polonia

One thought on “DESCUBRIENDO POLONIA. ENTRE EL ESTE Y EL OESTE (1ª parte)

Deja un comentario